Tú, sí, el que manda, el “todas mías”, el fuerte, el que se rasca la entrepierna en público, el que escupe por las banquetas marcando territorio, porque las calles son tuyas. El seductor, el que invita a los tragos y exige algo a cambio, el que la nalguea “para que se le quite”, el que no usa condón porque así no está rico, pero si sale bendición “ahí te ves”. Tú, que sales con tus amigotes al table, porque para eso trabajas, para pagar por lo que te pertenece. El que quizá es bien lindo con su novia, pero comparte sus nudes con los cuates. Tú, el que se ríe cuando el colega le cuenta que drogó a una anoche para que aflojara. 

Tú, no estás loco, ni enfermo, ni perturbado, ni siquiera eres ese monstruo en el que te quisieras refugiar.

Eres un hijo sano del patriarcado y odias a las mujeres. 

Ni la droga, ni el alcohol pueden librarte de la culpa, porque entonces también nos libraría a nosotras. Y no, a nosotras nos condena, como fue el caso de Mara Castilla, juzgada socialmente por haber disfrutado de una tarde de copas entre amigos, pedir un taxi para volver a su casa y terminar siendo asesinada por el chofer.

Eres hombre y estás perfectamente sano.

Los datos son claros: una de cada tres mujeres es torturada antes de ser asesinada y 2 de cada 3 mujeres han sufrido algún tipo de violencia por parte de un agresor varón

El pasado 9 de Febrero, Ingrid Escamilla fue asesinada por su pareja en un departamento de la alcaldía Gustavo A. Madero. Después de una discusión por el estado de ebriedad del asesino, Erick apuñaló en el pecho a Ingrid. Para deshacerse del cadáver, se dispuso a despedazarla y desollarla con el mismo arma con el que terminó con su vida, bajo la mirada de uno de los hijos del feminicida, quien después avisó a su madre y dio la voz de alarma. La policía encontró a Erick arrodillado frente al cuerpo de Ingrid, aun con el cuchillo en la mano. Una vez detenido, los cuerpos de seguridad tomaron fotografías de la escena del crimen. Las imágenes fueron filtradas a los medios, por lo que seis agentes están siendo investigados.

Los datos son claros: una de cada tres mujeres es torturada antes de ser asesinada y 2 de cada 3 mujeres han sufrido algún tipo de violencia por parte de un agresor varón. Cuando una acción se repite sistemáticamente dentro de una sociedad, cuando hay una clara desigualdad de género que cubre con su manto a todas las estructuras sociales, deja de ser un caso aislado, una excepción, sino que forma parte de la idiosincrasia.

Cuando terminas con una vida y te blanqueas en la patología, haces como si no te acompañaran otros 9 hermanos al día que deciden lo mismo que tú. Como si no hubiese una violación cada 18 segundos en México. Como si en la producción de pornografía no prevaleciese la violencia sobre la mujer y los buscadores de estas páginas no tuvieran un pódium repleto de atrocidades.

No es el Estado el que ha hecho frente a esta epidemia, y en reiteradas ocasiones nos manda recados contundentes de indiferencia al respecto de la violencia contra la mujer.

No estás convaleciente ni febril. Eres un machista con luz verde por el Estado, que no nos protege y nos deja expuestas a la violencia. Solo 1 de cada 5 feminicidios son catalogados como tal, y de ese 20%, sólo 1 de cada 10 recibe una sentencia condenatoria en México.

Es el mismo Estado el que cree que el hecho de que exista “feminicidio” como un tipo de asesinato es un privilegio, y que intenta eliminar el delito de feminicidio para invisibilizar aún más el crimen de odio que este supone.

No es el Estado el que ha hecho frente a esta epidemia, y en reiteradas ocasiones nos manda recados contundentes de indiferencia al respecto de la violencia contra la mujer. Uno de esos casos es el del juez Federico Mosco González, quien liberó repetidamente a violadores y feminicidas, en un acto de compadrazgo entre congéneres.

La única fuerza que ha operado contra un patriarcado cruel, sádico y que legitima la estructura del clan y la transmisión económica y de poder, es el feminismo. El feminismo que incomoda, el feminismo que responde envuelto en hartazgo y con ese aura de quien no tiene nada que perder, con la violencia de quien le fue arrebatado todo, y nada se le ha devuelto.

El  asesinato se convierte en la última expresión de la masculinidad utilizada como dominio sobre nuestras vidas.

Feminicida, sabemos que compartes el poder con otros hombres, sabemos que estáis diseminados en todas las estructuras sociales. Estáis en las mismas autoridades mexicanas que sugieren que a las mujeres las asesinan porque transgreden los espacios públicos, porque camino a su trabajo se van por lugares solitarios, despoblados. Las mujeres mueren entonces porque se lo buscaron, se convirtieron en “mujeres públicas”, connotación peyorativa.

Feminicida, cuando asesinas haces parte del control que se le impone a la mujer, que interioriza la amenaza y el mensaje de la dominación. Queréis ponernos límites a nuestra tranquilidad y a nuestra conducta pública y privada.

El  asesinato se convierte en la última expresión de la masculinidad utilizada como dominio sobre nuestras vidas. Feminicida, no estás enfermo, sólo no puedes soportar que el poder se te escape entre las manos, no eres un monstruo, solo tienes al sistema y al estado de tu parte.