Por: Brenda Conde

Sayak Valencia cree que no se puede vivir lastimando a otros pensando que nunca serás lastimado. Autora del influyente ensayo “Capitalismo gore”, en el que describe cómo la violencia es un ecosistema voraz que afecta a todo México, la filósofa feminista ahora cree que el país debe analizar críticamente el modelo “necroadministrativo” para cambiar su realidad. 

El futuro próximo exige enfrentar un sistema que organiza y administra los procesos de la muerte como un servicio económico que requiere de empresas y alianzas nacionales e internacionales que costeen a los migrantes en proceso de deportación. Como eje de cambio para la nueva década, Valencia propone al feminismo como la base del pensamiento crítico que ayude a pensar en otras políticas públicas y actuar de manera colectiva.

Sayak Valencia Triana es poeta, ensayista y filósofa mexicana. Doctora en Filosofía, Teoría y Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid. Es cofundadora del grupo feminista interdisciplinario La línea que, desde el año 2002, a través de la escritura, la teoría, la producción editorial, el arte audiovisual, la acción en espacio público y el performance, hace una exploración crítica del proceso escritural y artístico en el área binacional entre Tijuana-San Diego y también en Madrid-Nueva York. En 2010, obtuvo el Premio Estado Crítico.

¿Cómo ha evolucionado tu lectura del sistema que has denominado como capitalismo gore?

Estamos en un proceso de cambio del capitalismo gore —que entendemos como la base para el enriquecimiento rápido y la adopción de las lógicas del éxito del neoliberalismo en los años 90— hacia una política snuff. Con esto me refiero al encarcelamiento de personas migrantes en los campos de concentración, que ya teníamos en Tijuana, y otros procesos de criminalización del migrante. Podríamos denominar al gobierno de Estados Unidos como “necroadministrativo” en el sentido de que organiza y administra los procesos de morir. No mata directamente, sino que convierte esta muerte, como lo explico en “Capitalismo gore”, en un servicio económico que requiere de empresas y alianzas nacionales e internacionales que costean el que las personas estén ahí encerradas.

Las cifras indican que un niño detenido en una celda de las que tienen en Estados Unidos vale 700 dólares por noche. Dormir en una jaula de esas vale lo mismo que pasar la noche  en un hotel Hilton, por ejemplo. Cuando hablábamos de capitalismo gore, lo considerábamos algo excepcional y probablemente característico de países en vías de desarrollo. Ahora se evidencia de manera más clara una forma de gobernar a través de la masacre y de ordenar los procesos de tortura. En la próxima década habrá una refeudalización del mundo, creo que los procesos serán llevados sin velo democrático.

En ese sentido, ¿cómo podría el gobierno de Andrés Manuel López Obrador evitar caer en un mandato necroadministrativo?

Primero tener una perspectiva afín. El gabinete de AMLO es amplio, complejo y a veces contradictorio. No deben dejar en segundo plano la violencia contra mujeres y otras comunidades vulnerables, como los grupos indígenas desplazados en Chiapas, y personas LGBTQ+. Garantizar los derechos de estas comunidades debe ser a través de ejercicios de educación ciudadana y económica para tener un proyecto de viabilidad a mediano y largo plazo.

Abanderar los derechos de las comunidades puede utilizarse como un escaparate para tener popularidad, aunque no se cambie por completo la vida de, por ejemplo los trans, porque mueren muy jóvenes por todos los procesos a los que se someten, además de que son asesinados frecuentemente. Hay algo de lo que no hablamos y es incluir a estas comunidades en un proyecto económico que las proteja de la migración y violencia estructural. No tener una alternativa de sobrevivencia es lo que hace que, por ejemplo, una mujer maltratada por el esposo no pueda abandonar el hogar y termine siendo asesinada. No estoy diciendo que se les mantenga sólo por ser personas de una minoría, sino que se planteen proyectos que incluyan a toda la ciudadanía para que tengan mejores recursos.

Eso lo puede hacer AMLO, pero también posicionarse en contra de la homofobia y misoginia, además de todos los valores relacionados con la Iglesia.

¿Ves un futuro polarizado?

Sí, el futuro se ve muy polarizado, a pesar de que ha habido grandes avances. El progreso no ha sido institucional, sino de colectividades a ras de suelo con personas que empiezan a hacer demandas de educación no sexista para educar a sus propios hijos y que después se traspasa a las políticas públicas.

Pese a ello, en la última década hemos visto cómo resurgen argumento “profamilia”, “provida”, argumentos conservadores. Esta será una década de mucho contraste y serán los movimientos críticos como el feminismo los que tomarán un papel muy importante, porque ya crearon una base en los jóvenes para ver que ciertos comportamientos no solo son discriminatorios, sino que vuelven la vida invivible para la mayoría de las poblaciones.

¿Hay capacidad de respuesta desde los feminismos para atender la situación actual del país? 

La diamantina rosa que se utilizó hace unos meses en las manifestaciones fue, para mí, una metáfora de la organización social del feminismo. Los feminismos tienen capacidad de organización y han tenido una repercusión en el lenguaje del mundo contemporáneo desde hace ya muchos años.

Estoy más de acuerdo con que en nuestro país el feminismo estaba desde la colonia, pero no podríamos hablar exactamente de feminismo, sino de otras formas de resistencia social. Feminismos como el transfeminismo, tienen la capacidad de crear este co-relato de memorias con otros movimientos que buscan justicia social. Esto se institucionaliza en el lenguaje que busca paridad y equidad.

El feminismo está en la base del pensamiento crítico desde la segunda mitad del siglo XX y ha sido una lucha social que no ha matado a nadie. Hay una gran diferencia entre la violencia homicida o física contra las personas y actos de vandalismo, que no son iguales, pero en este imaginario, donde se quiere deslegitimar al feminismo, se ponen como si fueran equivalentes y no lo son.

El feminismo es una potencia política que puede ayudar a pensar en otras políticas públicas, actuar de manera colectiva en diferentes sectores y por supuesto transformar ciertos contextos. Pero lo que pasa es que no queremos escuchar que el feminismo tiene tanta influencia.

¿En la nueva década cómo deberíamos entender la educación no sexista?

La educación no sexista inicia desde el kínder, si lo vemos de manera institucional. Para empezar, no debemos decirles que ciertos colores o juegos son de niños o de niñas, sino permitirles que disfruten su infancia de manera no estandarizada y no sexualizada. Te pongo un ejemplo, a niños de dos o tres añitos que apenas están aprendiendo a relacionarse con el mundo inmediatamente les dicen: “Oye, ¿y esa niñita es tu novia?”. Ellos no tienen idea de que es eso. Estas cuestiones no los ayudan a desarrollarse y solo los pre-forman para cumplir con normas sexuales y de género, porque desde el inicio se les impusieron principios de lo que es apto para hombres y mujeres.

La educación no sexista también empieza por no hacer una diferencia en las capacidades y potencialidades de los infantes por su género. Pienso por ejemplo en escuelas de enseñanzas alternativas, donde no se les enseña colores y géneros, sino capacidades, formas de supervivencia, aprender a cocinar, crear muebles.

Es importante la educación emocional sana en los infantes y jóvenes para no reproducir estos esquemas donde la violencia se vuelve un lugar de fascinación y de renta a favor de unos sujetos frente a otros, donde es la herramienta de empoderamiento social y de enriquecimiento rápido.

¿Cómo puede la filosofía intervenir para mediar la violencia?

La filosofía debe estar en diálogo interdisciplinario con las ciencias políticas, por ejemplo, porque la filosofía es una herramienta para pensar de manera profunda los problemas. En cuanto la violencia se analiza desde lo palpable y lo estructural, entonces todas estas intersecciones pueden ser pensadas por la filosofía para resolverlas de manera estructural.

Con las ciencias políticas se pueden proponer políticas públicas y programas efectivos, pero uno de los problemas del país es que no tenemos en buena estima el pensar en algo, actuamos sin pensar, hablamos sin reflexionar, imponemos opiniones sobre otros sin saber si es correcto. Es una obligación de todos volver al pensamiento crítico. La filosofía ayuda a resolver nuestros propios conflictos y a ser prácticos porque el pensamiento es colectivo y la base material del sistema de organización.

En México podemos aportar mucho desde la filosofía, pero tenemos que hacerlo de manera contextualizada

¿Cuáles consideras son las lecturas fundamentales para entender el cambio que vive la sociedad mexicana ante la nueva década?

En este 2020 debemos poner atención en las obras que se preocupen por pensar no sólo en el fenómeno de la violencia, sino en cuestiones más estructurales como redes sociales y algoritmos.

Recomiendo el libro de Verónica Gago “La potencia feminista” y “Calibán y la bruja” de Silvia Federici. Hay mucha gente escribiendo cosas muy interesantes y a ellas me sumo yo. Tengo algunos libros que supongo voy a sacar el siguiente año. No puedo decir mucho, pero estoy trabajando sobre política post mortem, entendida como como la forma de organización civil que queda después de que alguien es asesinado en una familia, cuando falta la madre o cuando se busca a un desaparecido.